Cancionero de ayer

Yo fui un niño enfermizo, pálido y enlutado,

que demasiado pronto conoció la tristeza

del trágico y grotesco dolor de la pobreza.

Yo he dormido en los bancos de un parque abandonado.

Y con la flor de toda la andante picardía

aprendí que la vida es demasiado dura,

cuando hay que conquistarla en constante aventura,

venciendo a la miseria un día y otro día.

Yo fui un niño enfermizo, pálido y mendicante,

sin otro camarada que algún can trashumante

del arroyo, en la eterna, negra desolación.

El dolor fue el maestro que me enseñó a ser bueno,

¡pobre niño poeta!, y ¡floreció en el cieno

mi verso, como un lirio divino de emoción!


Emilio Carrere, de La canción de las horas.

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