Una curiosidad en El libro de san Cipriano

Portada del libro de San Cipriano

«Matarás un gato negro, precisamente un sábado, al dar la primera campanada de las doce y lo enterrarás en un terreno cercano a tu casa, después de haberle metido una haba en cada ojo, otra debajo de la cola y otra en cada oído. Hecho todo esto, cubres de tierra al gato y ve a regarle todas las noches, al dar la media noche, con muy poca agua, hasta que las habas hayan brotado y estén maduras. Cuando esto suceda, corta la mata y llévatela a tu casa; pon luego las habas a secar para hacer uso de ellas cuando te pareciere. Colocada una haba en la boca, tiene la virtud de hacerte invisible y por tanto, puedes penetrar en cualquier lugar sin ser visto. Colocándotela en la palma de la mano izquierda y apretándola con el dedo del corazón, y ordenando al diablo que se te presente, éste se te presentará poniéndose incondicionalmente a tus órdenes.»

El fragmento anterior es un hechizo que se puede leer en el Libro de san Cipriano, un conocido grimorio que, aunque corría manuscrito, fue publicado por primera vez en la segunda mitad del siglo XVIII. Pues bien, resulta que es parecidísimo a uno que recogí para Daimiel, pueblo de brujas del proceso inquisitorial llevado a cabo contra Polonia Martín de la Leona. La malograda Polonia, conocida por todos como «la Forastera» (AHN Inq. Leg. 3722/126 y 137), fue una hechicera de gran renombre en esa zona de la Mancha a mediados del XVIII. Lo que se puede leer en los legajos que guarda el Archivo Histórico Nacional dice así:

havían de coger un gato negro y cortándole la cabeza, enterrarla en tierra sagrada, metiéndole en los ojos dos abas, y espolvorendo sobre el mismo sitio unos polvos de ara consagrada. Havía de ir todas las noches entre las doze y la una a regar el sitio donde estaba la cabeza, renegando allí con palabras formales y expresas de la Santísima Trinidad, Jesucristo, Maria Santísima y de los Santos, llamando al Demonio.

Con el tiempo brotarían unas hierbas, que se podrían usar para distintos menesteres, sobre todo para encontrar riquezas.

Ya expresé mi sorpresa cuando descubrí que en Cuarto Milenio trataron el caso de unas hechiceras extremeñas que realizaban una variedad muy semejante del hechizo de las habas de Polonia, con cabeza cortada de gato negro incluida. Ahora me encuentro el mismo tipo de hechizo en un grimorio, el Ciprianillo (nombre popular por el que también se conoce el libro). Si lo que expresa la Forastera en su testimonio son prácticas de hechicería popular, que se transmitían entre mujeres por tradición oral, el hechizo registrado en el Ciprianillo proviene de la tradición culta de los grimorios, de la alta magia que solo estaba al alcance de los eruditos.

Así que se nos plantea una disyuntiva: ¿Había un corpus común y extendido de hechizos de tradición oral que, compilado con el tiempo y publicado al final? ¿O hubo alguna hechicera que tuvo en algún momento acceso a alguno de estos grimorios, aprendió los sortilegios y luego los pasó de manera oral? Hay que tener en cuenta que, en esta época, la mayor parte de la población (y más una mujer pobre y rústica de pueblo) era analfabeta. Aunque también pudo darse el caso de que algún mago culto hubiera enseñado este tipo de magia a gente que luego la empleó de manera popular. Es una cuestión importante, ya que la primera posibilidad implicaría que la magia de ciertos grimorios era, en realidad, magia de carácter popular, mientras que la segunda señalaría como origen de ese tipo de magia hechiceril en un tipo de magia culta. Sea como fuere, es algo que me incita a seguir investigando sobre el tema.

¿Y vosotros qué opináis? ¿Magia culta o magia popular?

1 comentario en “Una curiosidad en El libro de san Cipriano”

  1. Pienso que era magia culta, pero que estaba al alcance de todos, incluso en el libro de san cipriano recomiendan hacer los hechizos con alguien ya iniciado en el arte de la alta magia

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