Reflexiones III

Lloro como en la fotografía de este hombre llorando

Como César, lloro. Lloro derramando las lágrimas por las mejillas, sin gemidos, sin seguir los consejos de Cortázar, sin moqueos, ni berrinche. Lloro por dentro y lloro por fuera. Pues la nada me deja hueco por dentro y liso por fuera. Lloro porque me acuerdo de Alejandro, y de Amadeo, y de Federico. Lloro porque con estos ojos mentirosos ya veo arrugas en mis manos, pero no puedo remediarlo. Y mi pluma todavía sigue en el cajón.

Javier G. Alcaraván (@iaberius)

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