Lo singular de este caso de brujería en el pirineo aragonés es que se trató de una serie de ajusticiamientos llevados a cabo por la justicia ordinaria. No hubo ni auto de fe ni hogueras, ni se metió  por medio la Inquisición, pero sí tormento y muchas más víctimas que en el mismísimo proceso de Zugarramurdi.

Hechiceras presas

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