Esta tabla del pintor renacentista Hans Baldung es una de mis obras favoritos del museo Thyssen. Llamó desde el principio mi atención por esa actitud sensual y provocativa de Adán, que toca uno de los pechos de Eva con la mano mientras se abraza a ella por detrás con la mirada fija en nosotros. Me parece un cuadro lleno de erotismo contenido y hace que me pregunte quién es el verdadero demonio tentador. Si hasta los caracolillos de los rizos casi semejan unos pequeños cuernos.
Aunque Hans Baldung Grien fue discípulo de Durero, puede verse la gran diferencia que hay entre el tratamiento del tema en este cuadro y el que hace su maestro en las dos tablas de Adán y Eva que hay en el Prado (obras, por otro lado, sublimes del pintor alemán).