Antonio Machado: Los sueños dialogados

IV ¡Oh soledad, mi sola compañía, oh musa del portento, que el vocablo diste a mi voz que nunca te pedía!, responde a mi pregunta: ¿con quién hablo? Ausente de ruidosa mascarada, divierto mi tristeza sin amigo, contigo, dueña de la faz velada, siempre velada al dialogar conmigo. Hoy pienso: este que soy será quien…

Homenaje a Monterroso

El dinosaurio no era feliz. Como todas las tardes, se había sentado a meditar en lo alto de aquel acantilado. Desde allí dominaba todo el valle. Miraba hacia poniente y pensaba con mayor claridad. No le gustaba el mundo en el que le había tocado vivir. Era un mundo violento que sólo observaba la ley…